Lopetegui

[dropcap]J[/dropcap]ulen Lopetegui verá este viernes el estreno de España en el Mundial desde el sofá de su casa. El trabajo que durante dos años ha desarrollado con su equipo terminó en la puerta de la residencia de la Ciudad Deportiva del FC Krasnodar, la misma que le había encantado “para que no tengamos excusa alguna durante el Mundial”. A una furgoneta blanca fue a la que se subió el ya exseleccionador para dirigirse al aeropuerto de la capital de los cosacos sólo seis después de haber llegado a ella con el sueño de ser campeón del mundo.

La jornada del miércoles fue durísima para las personas que han estado cerca de Lopetegui en su etapa al frente de la selección. El momento más emocionante llegó sobre las cinco de la tarde. A esa hora Lopetegui se despidió a base de abrazos de los que le quisieron acompañar hasta el último momento. Junto a Lopetegui dejaban la concentración su segundo y el preparador físico: Pablo Sanz y Óscar Garro. Y también Juan Carlos Álvarez Campillo, el coach con el que el vasco ha desarrollado el aspecto mental del equipo y con el que mantiene una vinculación desde hace ya años.

El mensaje final de Lopetegui en esa explanada fue el mismo que había expresado a todos de los que se fue despidiendo desde que horas antes se hizo oficial su destitución: “Ganad el Mundial, que esto que ha pasado haga que seamos más fuertes”. Fue el mismo que minutos después lanzó en la única frase que se le oyó al llegar al aeropuerto de Krasnodar.

Un día infernal

Las horas que se vivieron en el seno de la selección española desde el comunicado del Real Madrid hasta que Lopetegui abandonó las instalaciones de los toros de Krasnodar pasará a la historia de la selección. Y a la de las vivencias personales de los que están en la residencia. Desde que entró Luis Rubiales por la puerta se comenzó a entender que la situación era crítica para Lopetegui.

El mensaje del seleccionador seguía siendo con los suyos que había que poner el foco en el Mundial, pero ya se veía que el estallido era casi imposible de evitar. Sus ayudantes vieron que aunque pensaran que no había peor decisión posible y que era una locura a menos de tres días de estrenarse en el Mundial la destitución ganaba enteros. El despacho que Luis Rubiales se ha hecho construir en una de las habitaciones de la residencia se convirtió en el centro de operaciones por el que fueron pasando Hierro, Lopetegui y después los jugadores. El primer bloque de contactos acabó a las cinco de la mañana, cuando el presidente de la Federación decidió dar una tregua de tres horas e irse a dormir.

El cansancio del viaje desde Moscú y los efectos de una fuerte gastroenteritis no mitigaron el enfado de Rubiales. A las ocho de la mañana estaba otra vez su despacho abierto. Después de la hora fijada para el desayuno se citó con los futbolistas de más peso. A esa hora ya pocos creían que el camino de la salvación sólo podía pasar por los futbolistas.

La rueda de prensa del presidente fue seguida desde una residencia en la que el silencio reinaba como sólo lo había hecho durante las noches. Tras la sentencia comenzaron las despedidas de Lopetegui y de los que con él ponían rumbo a Madrid. El equipo de que organiza los viajes de la selección, temiéndose lo peor, ya había comenzado a adelantar trabajo para que pudieran regresar cuanto antes a Madrid. A las cinco de la tarde estaba todo listo. Lopetegui dejaba atrás lo que había sido su dedicación exclusiva. “Ganad el Mundial” fue lo último que se le escuchó en Krasnodar.

 

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